Max Pazols: la naturalidad del artificio

Max Pazols: la naturalidad del artificio

“Un verdor terrible” de Benjamín Labatut me puso a pensar –entre muchas otras cosas- en la intricada y poco reconocida relación entre el arte y la tecnología. Lógico: si el azul de Prusia –el primer pigmento sintético- no hubiera aparecido, la “Noche estrellada” se habría pintado con lapislázuli molido; y eso es un avance tecnológico. Para hablar de ese y otros cruces, de cómo la tecnología cambia y difumina los limites del arte y otras disciplinas , acudí a una de las personas que más y mejor los practica en Chile, Max Pazols.

Dada la existencia de un diploma -emitido por la U. Federico Santa María- que lo acredita, lo más fácil es decir que Max Pazols es un arquitecto. Pero tan reales y tangibles como el diploma fueron el atrapanieblas que diseñó para alimentar un jardín en pleno desierto, sus joyas y objetos de impresión 3D, su experimentación en videoarte y la música que él mismo compuso para acompañar esas imágenes, así como el interiorismo de dos clubes de música electrónica, su reciente investigación uniendo la arcilla con la robótica a escala arquitectónica, y una larguísima lista de proyectos tan diversos como atractivos.

Entonces la palabra ‘arquitecto’ no alcanza y necesitamos otra más amplia. Max sugiere ‘creativo’.

Calma que no se trata del lugar común, de limitarse a afirmar que todos –en mayor o menor medida- somos creadores. Su reflexión es más compleja y tiene dejos de preocupación: “La artificialidad es propia de todos los seres. Cuando las abejas hacen sus panales o los pájaros hacen sus nidos modifican su entorno. Bajo esa noción siempre me he cuestionado el ejercicio creativo, nuestra capacidad de ser artífices; ya sea desde el diseño, la arquitectura, la pintura, la ingeniería, la cocina y cualquier espacio. Esa primera persona que recogió un palo para ayudarse a caminar, o cuando aparecen los primeros anteojos, ¿no aparece también una especie de protocyborg? ¿no radica la diferencia de la prótesis en su condición de interna o externa en relación al organismo que se beneficia de ella? Siempre ha habido desarrollo tecnológico, desde las primeras expresiones de la artificialidad. Lo que cambió es la velocidad con que se genera y acumula la información que permite la aceleración de esos desarrollos”.

Me recuerda algo que escuché decir una vez a Alberto Mayol: desde el nacimiento somos una de las especie más desvalidas del reino animal. Nos toma mucho tiempo valernos por nosotros mismos. No somos fuertes ni veloces ni nos camuflamos particularmente bien. Básicamente estamos condenamos al artificio -aquello que la RAE define cómo “hecho por mano o arte del hombre”-, a alterar el mundo para sobrevivir. Y es muy posible que se nos hayan pasado varias manos.

“Siempre me ha interesado el cruce entre la ecología y la tecnología, lo artificial y lo natural. Me parece clave porque somos configuradores de artificialidad, es parte de nuestra naturaleza. El desarrollo tecnológico me parece inevitable, necesario hasta cierto punto. Pero así como genera grandes prestaciones, también es importante cuestionarnos constantemente los contras implicados. Aparentemente existe una contradicción entre lo natural y lo artificial, pero me interesa justamente cuestionar esa dicotomía; entenderla no como un limite sino como un borde, a veces difuso”, profundiza Max.

Por estos días Max está usando un brazo robótico de altísima tecnología para desdibujar ese borde del que habla. Aquí, en el mundo real, específicamente en Peñalolén, dentro del campus de la UAI, está trabajando con impresión a escala real para generar arquitectura con arcilla. “Es el material más elemental y universal, con menos huella de carbono incorporada, con disponibilidad alrededor de todo el planeta; trabajado por miles de años, a través de infinidad de sistemas constructivos, con un montón de inteligencia y saberes ancestrales. Lo que hago es pinchar sobre esa riquísima tradición para cruzarla con los últimos avances del diseño digital, del diseño basado en desempeño, la optimización topológica, el análisis estructural; extendiendo así las posibilidades de este material para que tenga una cabida efectiva en un país altamente sísmico”, explica Max.

Las herramientas que está usando le permiten incluso entender cómo la textura de un muro puede ser optimizada en función del sol qué recibe, abriendo la posibilidad de diseñar conductos al interior que funcionen como radiadores y redireccionen ese calor a espacios específicos dentro de la construcción. Cada vez que un prototipo colapsa o no funciona, Max puede tomar esa tierra, molerla, rehumedecerla y devolverla al brazo robótico de altísima tecnología para empezar de nuevo.

Estamos hablando de tierra, ¿que puede ser más natural y primitivo?

Algo que Max Pazols llama una “efervescencia creativa” lo lleva a interesarse por muchos ámbitos, y muchas a veces a mezclarlos. Desde joyas, pasando por lentes, hasta luminarias, vasijas y tazas, es el autor de una gran variedad de objetos, firmados como Stereometric System Studio. Así como de obras de arte audiovisual exhibidas en Galería CIMA y piezas que podríamos denominar esculturas, aunque él siente que más bien las “construyó”.

“Suelo cruzar muchas cosas. Hace un par de años proyecté una membrana textil con varios motores programados a través una placa electrónica. Configuré un algoritmo que era capaz de actualizar la forma de la membrana, de mover los motores para estirar o contraer la tela de manera audioreactiva, es decir respondiendo al sonido, a la música”, cuenta Max.

Me pide imaginar un club, al dj y la gente bailando; que levanto la mirada al techo y, de pronto, descubro una superficie textil tan estimulada con los bajos como el público en la pista. No sé si son mis ojos, mis oídos, la región de mi cerebro donde se alojan las sensaciones sinestésicas, o todo junto; pero algo se hace agua.

Soundtrack sugerido

Los temas tocados en esta entrevista me hicieron recordar un par de canciones que te recomiendo para acompañar tu lectura:

Boy Harsher (feat. Ms. BOAN – Mariana Saldaña) – Machina

Oppenheimer Analysis – Cold War