Alto Hospicio: la zona de sacrificio del fast fashion

Alto Hospicio: la zona de sacrificio del fast fashion

Son poco más de 39.000 toneladas de ropa las que cada año son descartadas como basura en el desierto de Atacama, concretamente en la comuna de Alto Hospicio. De esta forma, la moda rápida deja en evidencia una nueva zona de sacrificio en nuestro país.

El puerto de Iquique es, por excelencia, la puerta de entrada de una amplia gama de productos de consumo masivo que se distribuyen por Latinoamérica. Automóviles, licores, perfumes y ropa son algunos de los ítems más apetecidos por quienes compran en la Zona Franca, o bien, por quienes compran fardos de ropa de segunda mano provenientes de Estados Unidos y Europa.

Mucho antes que se instalaran en Chile marcas como H&M, Forever 21, GAP, Banana Republic y American Eagle, estas etiquetas eran familiares dentro de la selección de prendas que se podían encontrar en los verdaderos mares de ropa usada que cada año llegaban al país. Sin embargo, la escalada del fast fashion extranjero en Chile con tiendas físicas no ha logrado reducir el impacto de su presencia en la ropa de segunda mano, y es así como la acumulación de stock descartado de primeras economías sigue acumulándose en la región de Tarapacá. Teniendo en cuenta que el ritmo de vigencia de cada prenda en tienda es de aproximadamente 6 semanas promedio -entre los avances de temporada y el período de liquidaciones totales- la velocidad de la obsolescencia de la ropa del retail masivo es sorprendente y preocupante.

La ley 20.982 de Responsabilidad Extendida del Productor e Importador y del Fomento al Reciclaje, establece procesos para la gestión de residuos industriales y materiales tóxicos, dentro de los cuales están excluidos los textiles. Mientras que otras industrias contaminantes operan bajo la lógica de ser fuertemente multadas por infringir la ley, la megaindustria del fast fashion queda exenta.

Por su parte, la comuna de Alto Hospicio ha enfrentado varios problemas de desarrollo social y medioambiental. Y es que temas fundamentales como la calidad del suministro de agua potable y los períodos prolongados de sequía han convertido a este sector en una nueva zona de sacrificio. Verdaderas islas de ropa descartada han aparecido de manera indiscriminada, generando focos de toxicidad medioambiental y peligro de combustión gracias a la reacción de las altas temperaturas con algunos de sus componentes sintéticos en fibras y teñidos. Países de Europa Oriental como Bulgaria reciben fardos de fast fashion descartado y, dado el alto precio del petróleo y la madera para la combustión doméstica e industrial, la comercialización de ropa como combustible se ha disparado en ese país. Según datos obtenidos por la agencia AFP, ya existen 60.000 toneladas de ropa escondida bajo el suelo del desierto de Atacama que demorará 2 siglos en descomponerse.

Mientras que han aparecido numerosas iniciativas que buscan hacerse cargo de los desechos textiles a través de iniciativas de upcycling o descomposición de los materiales, los volúmenes de fabricación de nuevas prendas es arrollador y difícil de contener. No hay duda que es aquí donde el Estado podría generar una diferencia y una reeducación de los hábitos de consumo, incentivando la preferencia de productos que generen un win-win y políticas públicas que garanticen la economía circular para disminuir al mínimo el impacto humano sobre los ecosistemas.