El maravilloso parque que diseñó Oscar Prager en Providencia

El maravilloso parque que diseñó Oscar Prager en Providencia

Si bien sigue siendo un importante pulmón para la capital y un lugar de encuentro para besuquearse, conversar y pasear, lo que vemos hoy es un pálido reflejo de la maravilla que en 1932 diseñó el paisajista austríaco-alemán Oscar Prager.

Test de conocimiento urbano para santiaguinos. ¿Dónde está el Parque Providencia? ¿Y el Parque Gran Bretaña? Quizás esta pregunta es más fácil. ¿Dónde está el Parque Balmaceda? 

La respuesta es una sola, pues se trata de distintos nombres con los que ha sido bautizado el mismo lugar: esa extensión de áreas verdes que parte en la Plaza Balmaceda (frente al edificio Telefónica) y llega hasta las Torres de Tajamar, siempre entre Providencia y la Costanera. 

Si bien sigue siendo un importante pulmón para la capital y un lugar de encuentro para besuquearse, conversar y pasear, lo que vemos hoy es un pálido reflejo de la maravilla que en 1932 diseñó el paisajista austríaco-alemán Oscar Prager. Este estudioso del arte, el budismo zen y la flora, llegó a Chile en 1929 y se quedó aquí hasta el día de su muerte, el 23 de septiembre de 1962. En esas tres décadas logró esparcir su genialidad como paisajista por todo el país. En total hizo más de cien obras, entre ellas las plazas Las Lilas y La Alcaldesa, en Providencia; el jardín principal del colegio Verbo Divino, la Plaza de Armas de Osorno, el Club de Golf Los Leones, el jardín de la Embajada Británica, así como parques de fundos en Nos y Chimbarongo o los jardines de la planta de Huachipato. Pero es el Parque Providencia, que desarrolló junto a los arquitectos Sergio Larraín García-Moreno y José Arteaga, su mayor logro como paisajista y urbanista. 

En esta continuación del Parque Forestal, “Prager plantó dos corridas de árboles que separaban al parque de las calles Providencia y Andrés Bello. Al centro, las explanadas de pasto lo convirtieron en el parque más grande de la comuna (9,5 hectáreas), orientado hacia la cordillera”, explica Ignacio Valdivieso Elissetche en un artículo de la revista Vivienda & Decoración. La arquitecta-paisajista María Eugenia Pérez destaca la capacidad que tuvo Prager para elegir las especies que plantaba. “Estudió en profundidad las asociaciones de flora nativa y aquella que soportara nuestro clima mediterráneo, incorporando peumos, pataguas, bellotos, maitenes y quillayes de nuestro paisaje y árboles como el alcornoque, celtis australis, olivos, olmos, crespones, que se adaptan muy bien al clima de Santiago”. 

La idea de Prager era que el visitante se sintiera en un ambiente natural, en el cual las plantas alejaban las edificaciones de la ciudad y la larga pradera, así como los árboles laterales, lograban una perspectiva que engañaba gratamente el ojo. Su legado, que lamentablemente ha sido desfigurado y mal intervenido con construcciones como el metro, las Torres de Tajamar y el criterio cortoplacista de antiguas autoridades municipales, intenta sobrevivir en algunas de las especies que, con tan buen criterio y amor por la urbe, plantó hace más de ochenta años.